Rédes que manejo-

jueves, 24 de enero de 2008

Fragmento 1 (__EL diario__)


Ha terminado este viaje, si el amor fuera una feria, ahorita estuviera en la montaña rusa, en ese momento cuando el carro esta en el punto más alto, me perdí entre los aires y gritos de las personas, me desvanecí un instante y aparecí en un cuarto en donde solo estaba el sillón amarillo, la mesa de cristal cortada con patas de aluminio y en el centro un florero de pescados, con una orquídea amarrilla, la alfombra anaranjada que por muchos años fue, mi pista de batallas en esas interminables juegos de soledad, con tío misifú, un amigo imaginario de mi tierna infancia, el mueble de madera que ha pasado por varias generaciones de la familia, donde estaba esa hermosa bailarina de porcelana que fue echa por el bisabuelo de mi abuelo, que un día por querer jugar con la muñeca de porcelana le rompí la mano derecha, y la pegue con un chicle, fue tan emocionante esa adrenalina cuando sentí romper la muñeca, y después de varios años hasta los 15, rompí cuanta cosa me gustaba y pegue tanta cosa me metía en la boca. Pasaron varios años, sin darse cuenta, que las figuras de porcelana que tanto apreciaba mi madre, estaban todas totalmente rotas, pero a simple vista no se apreciaban, por que era cuidadoso en pegar el chicle, perfeccione tanto la manera de pegar las cosas con los chicles, que pensaba que me hiba hacer rico patentando un pegamento en base de goma.

Muchos años estuvo conmigo, el tío misifú, recuerdo los chistes que me decía, las aventuras que había pasado, lo niños que fue criando por su imaginación, y los tantos nombres que ha tenido. Una ocasión estando solo en mi silencio, jugando con el corrito, que había echo con corcholatas, un pedazo de madera y una botella de agua, el carro era tan magnifico que se volvía un cohete espacial, el tío misifú me pregunto;
- ¿Cuál es son tus miedos?, yo deje el carro y lo mire a los ojos, y sin titubear le dije – a ti te tengo miedo, el tío misifú con una mueca de desconcierto me respondió;
– a ¿mi?, ¿Por qué?, - Tengo miedo a que me vuelva loco, por jugar contigo le conteste,
y tío misifú, desaprecio en el momento que mi boca dejo de pronunciar la respuesta incomprendida por él. Tardo mucho tiempo que tío misifú, volviera a jugar conmigo, desde esa respuesta no lo ví, lo llame por varias tardes, por qué aún que fuera algo que yo mismo cree, era el confidente de mis atrocidades y malcriadas aventuras que tenía, y no volvió aparecer, hasta una noche que caí enfermo, de mi propia mente, estaba solo, y la soledad me enfermo, caí en una tremenda calentura, que ni la doctora Raquel Medina, podía entender como había surgido la fiebre así como así, mi abuelo le dijo,
– Siempre ha sido así, el niño tiene enfermedades que el mismo se crea, no se como puede hacerlo, la doctora Raquel Medina, que fue intoxicada de filosofía por los sabios le contesto al abuelo,
- el niño tiene una gran mente y es capas de hacer todo , de le esto dos veces al día, en la noche y en la mañana, y con eso se curara.
La doctora Medina, le había dado un frasco lleno de polvo azul brillante, era una dosis de luna, que cuando el polvo azul brillante tocaba el paladar húmedo, se volvía en una rica y refrescante agua mineralizada.

Esa noche de Fiebre ví a Tío misifú, dentro de un sueño, estaba en una habitación donde solo había, una mesa de mimbre y en la mesa un morral y un baso de agua, el cuarto era totalmente blanco, en la habitación estaba una puerta lisa negra, y yo me dirigía hacia la puerta cruzando todo el cuarto de polo a polo y la abría, y aparecía la misma habitación y yo solía dirigirme hacia esa misma puerta y volvía aparecer la misma habitación, y así consecutivamente hasta cuando tío misifú, a mitad del camino hacia la puerta, se paraba y me abrazaba, y yo regresaba regresivamente por la puerta negra, la mesa de mimbre, el morral, el vaso de agua y la puerta, hasta que llegaba a mi cama. Pude curarme de la fiebre mental, con la dosis de luna que me daba el abuelo.

Varias veces tuve el mismo sueño, y despertaba todo sudado, era una obsesión de abrir esa puerta que me lleva a lo mismo, y tío misifú llegaba a rescatarme de mi obsesión. Pero llego un día cuando tenía alrededor de 37 años, cuando el sueño cambio a un juego, si el amor fuera una feria, ahorita estuviera en la montaña rusa, y sin duda estaba dentro de ella, era los mismo sueños consecutivos que en ese mismo instante, yo perdí entre la euforia de sentir la adrenalina que me recordaba mi infancia, y me desvanecí en instantes, soñando dentro de un sueño, que estaba en esa habitación de mi casa, un fragmente de mi vida, volvía abrir esa puerta que daba al patio, y cuando pensaba que hiba a salir hacia el patio, volvía a la misma habitación consecutivamente, cuando tío misifú apareció y me toco el hombro cuándo abría la puerta, lo miro a los ojos y me dijo ,
– ya todo acabo, y no volví a despertar de ese sueño.

Estaba ya muerto, y sentía una muerte tan ligera y confortadora, esa soledad me enfermo hasta llegar el momento que se convirtió en veneno, la mente es tan poderosa y se dijo así mismo, Martín Egiod.

8 comentarios:

Ana Pérez dijo...

Has conseguido despertar de ese incómodo sueño?
Ánimo! Incluso para ese veneno tuyo hay antídoto.

Saludos!

Maite dijo...

Amigos imaginarios...que serìa de nosotros sin ellos y sin los sueños que hacen de la vida una locura fascinante...Saluos...

Pinche Vieja dijo...

Que pasó???

Me asustas...

mmm mis trompazos :S

si sirvo de algo, me puedes buscar en mi pluggoo.... besos...

Pinche Vieja dijo...
Este comentario ha sido eliminado por el autor.
Viriz dijo...

Todos tenemos sueños que en realidad son pesadillas, puertas que siempre nos lleva al mismo lugar...

Besos

Viriz dijo...

Todos tenemos sueños que en realidad son pesadillas, puertas que siempre nos lleva al mismo lugar...

Besos

Viriz dijo...

Todos tenemos sueños que en realidad son pesadillas, puertas que siempre nos lleva al mismo lugar...

Besos

Viriz dijo...

Todos tenemos sueños que en realidad son pesadillas, puertas que siempre nos lleva al mismo lugar...

Besos

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